Todavía me acuerdo.
Las noches sin dormir, saber que cada mentira era verdad, querer arrancarme el alma con la mano para que no me doliera tan adentro. Saber que cada llanto era una herida de esas que no se iban más.
Me acuerdo de los miedos, del vacío permanente, de la idea de que nada iba a funcionar, de que todo podía ser tan malo como lo imaginaba. Me acuerdo de odiarme por haber confiado.
Me acuerdo de sentirme tonta, la más estúpida de todas. Cualquiera a mi alrededor lo veía, ¿cómo yo no sabía salir de ahí?
No sé si es que no sabía; más bien creo que tampoco podía. Es muy difícil confiar en que algo puede ser distinto cuando lo único que conocés es que las relaciones funcionan mal, que siempre hay que perdonar, que todos merecen una nueva oportunidad.
Pero la vida me permitió llegar a agotarme, a sentir que de verdad no podía más. Saber que era salir de ese lugar o consumirme en una vida llena de dolor, de ese del que sí se puede escapar. También puso ejemplos a mi lado para demostrarme que las cosas no siempre son como las conocía.
Hoy me levanto de estas pesadillas que cada tanto vuelven a aparecer, porque el miedo siempre queda un poquito en nuestra identidad.
Me despierto, respiro como puedo, necesito asegurarme de que solo fueron recuerdos… Como si una tuviera que conformarse con que pasó, pero al menos quedó atrás. Miro al costado y me quedo tranquila, porque la vida también se encarga de mostrarte el camino para poder vivir en paz.
Y eso es lo que hoy más agradezco: saber que algunas torturas tienen su final. Y que, incluso después de todo, existe el volver a empezar.


Comments
Una respuesta a “Despertar”
vb3ha2